Los
primeros datos que he aportado muestran la importancia de dotar a la formación
profesional del valor que realmente tiene en la economía y en el mercado
laboral, y olvidarse de la asociación de dicha formación a un mercado de
segunda.
Pero
el problema que ahora se presenta es que para todo ello es necesario dotar de
los recursos necesarios a este tipo de formación. Los datos de la UE muestran
que los países invierten entre un 0,3 y un 1,1% de su PIB a programas de
formación profesional y preformación profesional en la educación secundaria, un
porcentaje muy inferior al de la educación general.
Ello
implica la necesidad una mejora en la gestión de los recursos, sin embargo
existe un primer problema, no podemos trabajar con fiabilidad ya que no hay
datos precisos sobre las cifras de participantes en la FP inicial y permanente,
así como de la trayectoria curricular posterior, sobre sus costes y sus
beneficios, es por ello que abogo por fortalecer la infraestructura estadística
europea en esta aspecto, para poder realizar una gestión ajustada a la
realidad.
Un
segundo problema que se suma al anterior es la escasez de profesorado, ya que
no es fácil retener y contratar profesorado de FP debido a la escasa valoración
y falta de perspectivas profesionales. Es cierto que en nuestro caso la
formación profesional reglada parece ir afirmándose y mejorando en este aspecto,
sin embargo en el resto de la formación profesional no reglada se dan todos los
parámetros antes determinados:
1.
Escasez de profesorado con la preparación específica que requiere este tipo de
enseñanzas, se trata de una formación que necesita añadir a las destrezas
técnicas la facultad de enseñanza y en muchos casos esta combinación escasea.
2.
La falta de perspectivas profesionales, ya que se trata de una formación
supeditada a programas con duración determinada y muchas veces carentes de
perspectiva futura, aparecen en un determinado momento pero ello no es garante
de continuidad en el tiempo ni en el espacio.
Parece
un tipo de formación residual, está sujeta en ocasiones a caprichos del momento
político y del tiempo, ya que dependen de una gestión aparte del sistema
educativo formal que no permite establecer ciclos de continuidad. Dando lugar a
un tipo de profesorado itinerante e inestable, que cuando adquieren cierto
nivel no se ven recompensados ni económicamente ni en sus expectativas como
docentes y por lo tanto buscan otros mecanismos de ingresos abandonando su
actividad cuando realmente son interesantes y productivos. Ello hace que la
calidad de la enseñanza se resienta y las empresas ven con cierto desánimo que
las expectativas puestas en este tipo de formación tampoco responde a sus necesidades.
Una
respuesta a este y otros problemas es incrementar la posibilidad de que
empresas con tradición formativa de calidad puedan gestionar este tipo de
formación y que los programas tengan cierta continuidad, esto no significa que
se conviertan en formaciones permanentes al estilo de las actuales titulaciones
de FP, ya que como veremos en otros análisis posteriores tampoco lograrían sus
objetivos generales. Es claro que la formación profesional tiene que dotar a
las empresas de profesionales cualificados, pero debemos pensar en no saturar
el mercado con ciertas titulaciones y provocar un colapso que deteriore el
mercado laboral.
Espero
que esta segunda entrega os haga reflexionar sobre la necesidad de la FP
reglada y no reglada, el problema del profesorado y la calidad de la enseñanza
y la importancia que tienen los sistemas de gestión cara a una formación de
calidad y que permita un cambio de imagen y de valor en la sociedad.
Feliciano F. Ordóñez
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