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viernes, 29 de junio de 2012

“CRISIS”: EL VALOR DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL (II)

Los primeros datos que he aportado muestran la importancia de dotar a la formación profesional del valor que realmente tiene en la economía y en el mercado laboral, y olvidarse de la asociación de dicha formación a un mercado de segunda.

Pero el problema que ahora se presenta es que para todo ello es necesario dotar de los recursos necesarios a este tipo de formación. Los datos de la UE muestran que los países invierten entre un 0,3 y un 1,1% de su PIB a programas de formación profesional y preformación profesional en la educación secundaria, un porcentaje muy inferior al de la educación general.

Ello implica la necesidad una mejora en la gestión de los recursos, sin embargo existe un primer problema, no podemos trabajar con fiabilidad ya que no hay datos precisos sobre las cifras de participantes en la FP inicial y permanente, así como de la trayectoria curricular posterior, sobre sus costes y sus beneficios, es por ello que abogo por fortalecer la infraestructura estadística europea en esta aspecto, para poder realizar una gestión ajustada a la realidad.

Un segundo problema que se suma al anterior es la escasez de profesorado, ya que no es fácil retener y contratar profesorado de FP debido a la escasa valoración y falta de perspectivas profesionales. Es cierto que en nuestro caso la formación profesional reglada parece ir afirmándose y mejorando en este aspecto, sin embargo en el resto de la formación profesional no reglada se dan todos los parámetros antes determinados:

1. Escasez de profesorado con la preparación específica que requiere este tipo de enseñanzas, se trata de una formación que necesita añadir a las destrezas técnicas la facultad de enseñanza y en muchos casos esta combinación escasea.

2. La falta de perspectivas profesionales, ya que se trata de una formación supeditada a programas con duración determinada y muchas veces carentes de perspectiva futura, aparecen en un determinado momento pero ello no es garante de continuidad en el tiempo ni en el espacio.

Parece un tipo de formación residual, está sujeta en ocasiones a caprichos del momento político y del tiempo, ya que dependen de una gestión aparte del sistema educativo formal que no permite establecer ciclos de continuidad. Dando lugar a un tipo de profesorado itinerante e inestable, que cuando adquieren cierto nivel no se ven recompensados ni económicamente ni en sus expectativas como docentes y por lo tanto buscan otros mecanismos de ingresos abandonando su actividad cuando realmente son interesantes y productivos. Ello hace que la calidad de la enseñanza se resienta y las empresas ven con cierto desánimo que las expectativas puestas en este tipo de formación  tampoco responde a sus necesidades.

Una respuesta a este y otros problemas es incrementar la posibilidad de que empresas con tradición formativa de calidad puedan gestionar este tipo de formación y que los programas tengan cierta continuidad, esto no significa que se conviertan en formaciones permanentes al estilo de las actuales titulaciones de FP, ya que como veremos en otros análisis posteriores tampoco lograrían sus objetivos generales. Es claro que la formación profesional tiene que dotar a las empresas de profesionales cualificados, pero debemos pensar en no saturar el mercado con ciertas titulaciones y provocar un colapso que deteriore el mercado laboral.

Espero que esta segunda entrega os haga reflexionar sobre la necesidad de la FP reglada y no reglada, el problema del profesorado y la calidad de la enseñanza y la importancia que tienen los sistemas de gestión cara a una formación de calidad y que permita un cambio de imagen y de valor en la sociedad.

Feliciano F. Ordóñez    

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