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miércoles, 8 de julio de 2015

EL PROBLEMA DE NUESTRO SUELDO DURANTE LA CRISIS. PORQUÉ GANANDO MÁS TENGO MENOS



En los últimos años hemos asistido a la paulatina pérdida de poder adquisitivo, me refiero a la diferencia entre el valor real de nuestro dinero y el valor nominal (nuestra nómina), la diferencia entre estos dos términos marca el estado de la depreciación monetaria. En esta ocasión mi objetivo es intentar explicar de forma fácil como en ocasiones aún incrementando anualmente nuestros ingresos tenemos menos dinero para nuestros gastos del día a día.
Año
VN
IPC
IPC (2000)
VR
IVN
IVR
2007
1250
135
100
1250
100
100.0
2008
1280
140
103.7
1234.3
102.4
98.7
2009
1300
148
109.6
1185.8
104.0
94.9
2010
1400
152
112.6
1243.4
112.0
99.5
2012
1460
156
115.6
1263.5
116.8
101.1
2013
1590
159
117.8
1350.0
127.2
108.0
2014
1620
163
120.7
1341.7
129.6
107.3

Fijémonos en este ejemplo, en la primera columna tenemos los años en lo que esta persona ha estado trabajando en una empresa, en color azul tenemos el valor nominal (el dinero percibido por la persona como salario neto), y a su lado la evolución del IPC en esos años.
Con un primer vistazo vemos que esta persona durante todos estos años ha estado incrementado sus ingresos, pero ¿Qué ocurre a su alrededor? Para saber lo que oculta esta pregunta, estableceremos un índice simple -tomamos el año 2007 como año cero o base y transformamos en función de este año el IPC de los restantes años (columna de color rosa)-, vemos que el incremento del IPC generado  es constante.
Ahora transformaremos los ingresos de la persona (VN) en VR, dividiendo cada uno de ellos entre el valor del IPC por cien. Si comparamos los ingresos con el valor real de su dinero vemos que su poder adquisitivo ha ido descendiendo a lo largo de los años con altibajos en función del propio IPC, para entender esto cojamos el año 2014, sus ingresos medios mensuales han sido de 1620€ mientras que el valor real es de 1341,7€ su poder adquisitivo en ese año ha descendido en casi 300€.
Este dato nos serviría para entender que una subida en relación con el IPC aunque eficaz desde el punto de vista nominal no lo sería en la realidad. Para saber que incremento necesitaríamos tener en nuestra nómina debemos fijarnos en las dos últimas columnas (verdes), la primera es el índice de valores nominales, es decir como han evolucionado en % los ingresos nominales a través del tiempo, se puede ver que sigue un tendencia creciente -este crecimiento es relativo a mis ingresos, y no a los efectos de ellos debidos al IPC-, para ver que ha ocurrido en realidad debemos fijarnos en la última columna que nos muestra el índice de valor real, nos dice que  durante los primeros cuatro años en la empresa este trabajador ha ido perdiendo poder adquisitivo aún cobrando más, y hasta hace dos años no se ha recuperado y alcanzado el nivel del año 2007. Esto pude explicar como algunas familias aún incrementando anualmente sus ingresos estos años de crisis han tenido que ajustar cada vez más su presupuesto.
Feliciano Ordóñez

lunes, 6 de julio de 2015

EL VALOR DE LA MEDIA (Cómo interpretar un dato).

Como cada año toca publicar los datos sobre la población Asturiana, y es un clásico el gasto medio por habitante anual. La Nueva España publica el 18-06-2015 lo siguiente: “El Instituto Nacional de Estadística (INE) difundió ayer los resultados de la "Encuesta de presupuestos familiares" correspondiente a 2014. El gasto medio por persona en España en términos corrientes fue de 10.759 euros, lo que supuso un aumento del 0,6% respecto al año anterior. En Asturias, el gasto medio fue más elevado, de 11.474 euros”.
Mi preocupación es la interpretación que puede hacer el asturiano medio ante este dato sobre todo teniendo en cuenta el índice de paro de nuestra región. Ante este tipo de información un ciudadano puede decir: “la estadística es una gran mentira”, “no sirve para nada” “como nos mienten”… y cosas semejantes, e incluso peores. En este corto análisis trataré de demostrarle que no es cierto y como siempre hay un gran desconocimiento.
En primer lugar, cuando aparecen datos estadísticos en la prensa suelen ser promedios o tantos por ciento, esto se debe a que son resultados muy intuitivos y entendidos por la mayoría. No obstante, estos datos de medias a veces no aportan información sino que hacen justamente lo contrario. En primer lugar existen datos que no pueden darse en media ya que no tienen sentido,  un ejemplo el número de coches que puede tener un habitante en España, imaginemos que el resultado en media es de 3,4 se entiende lo que queremos decir, pero nadie tiene en su poder 0,4 partes de un coche.
El caso que nos ocupa es más grave, ya que puede servir para influir en el pensamiento de las personas, puede generar crispación o sensaciones de engaño. Imagínese una familia normal de tres miembros gastaría una media de 34.422€ anuales, ¡Es muy posible que a más de uno no le salgan las cuentas!. Es por ello que cuando veamos datos de esta manera debemos hacer un ejercicio sencillo, preguntarnos como es la horquilla de los gastos (máximo y mínimo), en estadística se sabe que al dato de la media hay que añadir más factores, uno ellos hace referencia a esa horquilla y es la desviación de esa media, si nos dicen ese dato podemos ver mejor la realidad de ese gasto, más aún seremos capaces de afirmar que el dato “media” puede carecer de representatividad.
Existen además unas medidas de concentración que nos permiten decir si un promedio obtenido en una población representa (o puede sustituir) a cada uno de los datos de esa población, uno de los más utilizados en distribuciones de datos económicos es el Índice de Gini. Este índice permite afirmar el grado de homogeneidad que tienen los valores medidos, nos dice si la media representa la realidad o no. Un ejemplo sencillo a todo lo dicho es el siguiente, dos personas entran en un restaurante y piden de comer un pollo, el dato que podemos decir a su salida es que cada uno ha comido medio pollo (promedio), no obstante puede ocurrir que uno de ellos come el pollo entero y el otro nada, la media sigue siendo la misma, pero con los otros datos seríamos capaces de saber cómo se ha repartido el pollo.
La reflexión que planteo es ver que la estadística no es una forma de engaño, sino que aporta la información para que sea entendida de forma sencilla, que la realidad precisa de más datos para su interpretación y en ese camino podemos encontrarnos con intereses creados para suscitar reacciones o simplemente es falta de conocimiento. Por ello, no hay que echar la culpa a la estadística y ser capaces de racionalizar todo aquello que nos dicen, y no precipitarnos en nuestras conclusiones. 
Feliciano Ordóñez