Como cada año toca publicar los datos
sobre la población Asturiana, y es un clásico el gasto medio por habitante
anual. La Nueva España publica el 18-06-2015 lo siguiente: “El Instituto
Nacional de Estadística (INE) difundió ayer los resultados de la "Encuesta
de presupuestos familiares" correspondiente a 2014. El gasto medio por
persona en España en términos corrientes fue de 10.759 euros, lo que supuso un
aumento del 0,6% respecto al año anterior. En Asturias, el gasto medio fue más
elevado, de 11.474 euros”.
Mi preocupación es la
interpretación que puede hacer el asturiano medio ante este dato sobre todo
teniendo en cuenta el índice de paro de nuestra región. Ante este tipo de información
un ciudadano puede decir: “la estadística es una gran mentira”, “no sirve para
nada” “como nos mienten”… y cosas semejantes, e incluso peores. En este corto
análisis trataré de demostrarle que no es cierto y como siempre hay un gran
desconocimiento.
En primer lugar, cuando aparecen
datos estadísticos en la prensa suelen ser promedios o tantos por ciento, esto
se debe a que son resultados muy intuitivos y entendidos por la mayoría. No
obstante, estos datos de medias a veces no aportan información sino que hacen
justamente lo contrario. En primer lugar existen datos que no pueden darse en
media ya que no tienen sentido, un
ejemplo el número de coches que puede tener un habitante en España, imaginemos
que el resultado en media es de 3,4 se entiende lo que queremos decir, pero
nadie tiene en su poder 0,4 partes de un coche.
El caso que nos ocupa es más
grave, ya que puede servir para influir en el pensamiento de las personas,
puede generar crispación o sensaciones de engaño. Imagínese una familia normal
de tres miembros gastaría una media de 34.422€ anuales, ¡Es muy posible que a
más de uno no le salgan las cuentas!. Es por ello que cuando veamos datos de
esta manera debemos hacer un ejercicio sencillo, preguntarnos como es la
horquilla de los gastos (máximo y mínimo), en estadística se sabe que al dato
de la media hay que añadir más factores, uno ellos hace referencia a esa
horquilla y es la desviación de esa media, si nos dicen ese dato podemos ver
mejor la realidad de ese gasto, más aún seremos capaces de afirmar que el dato “media”
puede carecer de representatividad.
Existen además unas medidas de
concentración que nos permiten decir si un promedio obtenido en una población
representa (o puede sustituir) a cada uno de los datos de esa población, uno de
los más utilizados en distribuciones de datos económicos es el Índice de Gini.
Este índice permite afirmar el grado de homogeneidad que tienen los valores
medidos, nos dice si la media representa la realidad o no. Un ejemplo sencillo
a todo lo dicho es el siguiente, dos personas entran en un restaurante y piden
de comer un pollo, el dato que podemos decir a su salida es que cada uno ha
comido medio pollo (promedio), no obstante puede ocurrir que uno de ellos come
el pollo entero y el otro nada, la media sigue siendo la misma, pero con los
otros datos seríamos capaces de saber cómo se ha repartido el pollo.
La reflexión que planteo es ver
que la estadística no es una forma de engaño, sino que aporta la información
para que sea entendida de forma sencilla, que la realidad precisa de más datos
para su interpretación y en ese camino podemos encontrarnos con intereses
creados para suscitar reacciones o simplemente es falta de conocimiento. Por
ello, no hay que echar la culpa a la estadística y ser capaces de racionalizar todo
aquello que nos dicen, y no precipitarnos en nuestras conclusiones.
Feliciano Ordóñez
No hay comentarios:
Publicar un comentario